Brunch en Barcelona.

¿A ti también te ocurre cuando sales a comer fuera que, por muy bien que te hayas quedado, sientes una necesidad imperiosa de tomar algo dulce al final?

Seguro que sí porque todos reaccionamos igual: por muy llenos que estemos, siempre tenemos hueco para el postre. Y más si se trata de postres caseros tan deliciosos como los que encontrarás en la carta de Jardinet d’Aribau y Jardinet de Gracia.

La mayoría de las personas no tiene muy claro si se trata de una costumbre bien adquirida o si se trata de una necesidad fisiológica que hace que el organismo necesite un bocadito dulce después de las comidas. Hoy investigamos un poco sobre este tema para contarte por qué nos ocurre esto y de dónde viene la tradición de tomar postre después de comer.

¿Por qué nuestro cuerpo pide postre?

La mayoría de los nutricionistas coinciden en decir que no existe un motivo científico real que justifique la necesidad de ingerir algo dulce después de comer o cenar.

De hecho, los especialistas en nutrición señalan que se trata más de una costumbre que de una necesidad que tenga nuestro organismo. Como desde pequeños nos han acostumbrado a que el último componente del menú sea un alimento dulce (una fruta, un flan, un yogur…) nuestro cerebro experimenta con el tiempo unos cambios neuroquímicos que nos inducen a desear ese tipo de alimentos al final de la comida.

En este sentido, está más cercano a ser una adicción adquirida que una necesidad real como puede ser la de beber agua después de la práctica de ejercicio. Estamos por lo tanto, ante una costumbre que nos ha llevado a “necesitar” este tipo de remate final en las comidas, especialmente si estamos fuera de nuestra casa.

Esto nos lleva a plantearnos otra pregunta: si se trata de una necesidad que hemos desarrollado por la costumbre, ¿de dónde viene esta tradición?

La tradición de comer postre tras las comidas.

Dicen que el origen del postre debemos buscarlo en la Antigua Roma donde se considera distinguido que los hombres más libres y poderosos terminaran las comidas con frutas, panes con levadura y miel.

De hecho, los postres en Roma se tomaban después de cada plato. Es decir, tras un primer plato salado venía un postre y así sucesivamente hasta llegar al final del menú, momento en el que se procedía a tomar las frutas con panes y miel, muy al estilo panettonne que hoy tomamos en Navidad.

También dicen que fue en el periodo romano cuando se empezaron a elaborar quesadas y tartas de queso que se tomaban al final de las comidas, creándose así una tradición que exportaron a los países a los que se extendió su imperio.

El paso del tiempo ha hecho de esta costumbre romana una tradición perfectamente arraigada a nuestra cultura gastronómica. Hasta el punto que hoy consideramos “que el cuerpo nos pide” terminar las comidas con algo dulce.

Y en Jardinet d’Aribau  y Jardinet de Gracia lo sabemos y por eso contamos con una exquisita carta de postres caseros.

Cremoso de maracuyá, tarta de queso, brownie con texturas de naranja, macedonia, carrot cake… ¡Seguro que te costará decantarte por uno! Reserva tu mesa en los restaurantes más florales de Barcelona y disfruta de una comida o una cena deliciosa, en un ambiente único y con un broche de oro espectacular en forma de postre casero.

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